Category: Rincón de Olmedo

VIERA Y CLAVIJO: Arcediano de Fuerteventura

Viera y Clavijo

Nuestra entrada en Valdepeñas fue en este orden:

  1. Antonio Caminero, de batidor, en un caballo de cuello aguileño, con montera atravesada, colodrillo reverendo, casaquilla hueca…
  2. Los dos insignes tontos, Francisco de Santa Cruz y Casimiro del Viso, capitaneando una innumerable multitud de muchachos y muchachas pelonas.
  3. El coche en que iba su Excelencia, el Señorito, ayo y caballerizo, con su gentil tiro de mulas.
  4. El coche de cámara con familia.
  5. La calesa de Carnicero y Rojo.
  6. Las berlinas de las diputaciones de la villa, cabildo y convento.
  7. La de los caballeros hidalgos.

Y toda la carrera estaba acompañada de patrullas, de muchachos, hombres y mujeres, que salían corriendo de sus casas, muchas de entre sus quehaceres, con los instrumentos de sus oficios, las boquitas risueñas, los ojos relumbrantes y las manos tiesas al cielo: “¡Viva su Excelencia y el Señorito que ya está tan alto como su padre!”.

Tefía: La dulce sombra de Federico

En Agosto de 1933, siendo Presidente de La República Manuel Azaña, firma Niceto Alcalá Zamora, La Ley de Vagos y Maleantes que, en su artículo 2º enumeraba los sometidos a la Ley: “vagos habituales, rufianes y proxenetas…”

Molinos

Aquí estoy, cortando, desde mi elevada altura, los negros vientos de Aragón, con las frías espadas de mis palas.

Soy uno de los tantos molinos de La Muela, mutado en robot, apenas gozando de la Luna, mientras arde la corriente en mis entrañas.

… Pero, en mi turbina de ensueños, aún puedo asomarme a mi pasado.

Largo viaje

“Soy como el mar: olas sin fin
Desmelenándose en arena”.

Josefina Pla

El día 24 de Agosto de 1996, en una librería frente al Museo Pompidou, en París, adquirí una obra, en francés, de gran formato, 32×26, del escritor Pietro Laureano, editada por Larousse: “SAHARA, JARDÍN MÉCONNU”. En sus páginas me encontraría con sorpresas muy interesantes:

La luz de Mafasca

… El área comprende, en su mitad Oeste, varios llanos (de norte a sur: El Diviso, El Escaque, Llanos de Medina, MAFASCA, y Llanos de los Alares) que se prolongan hacia el Este, a través de valles abiertos (Valle Hondo, Barranco de la Boca, Barranco de Antigua, Barranco de la Torre y Barranco de la Boca de Pozo Negro…)

Hacia Cofete de la mano de los poetas

Me uno a Juan Ramón Jiménez, subiendo por Gran Valle, hacia las cercanas cimas de Jandía. A Juan Ramón le noto extraño, sin su burrito Platero, sin su perenne melancolía.

Nos espera, en la cumbre de la crestería montañosa, Dulce María Loynaz. Me la presenta el poeta, antes de abordar, juntos, la bajada.

De nieves y marinas

Por tus barrancos hondos
y por tus cumbres agrias,
mil Guadarramas y mil soles vienen
cabalgando contigo, a tus entrañas.

Antonio Machado.

Subimos, a través de fresnedas, robles y abedules, hasta la Estación-refugio de Val-Cotos. Bajan, poco después, a través de la helada ventisca, rodando por la nieve, mis tres hijos adolescentes…

Corazón de silencios

Siguiendo una señal que me anuncia Betancuria, subo, por la empinada carretera, hacia la histórica Villa. A la izquierda, bajos rectángulos de obra, me ocultan y moderan el abismo. A la derecha, la montaña descarnada, se despeña en secas torrenteras de siglos.

Avisto, al fin, al fondo, la Vega de Río Palma. Sobre la tierra roja, suben esbeltos los talles de las palmeras, coronados con sus orgullosos penachos de verdes ramas.

1972

Llegaba, por primera vez, a Fuerteventura, el once de Abril. En el aeropuerto me recogía un Volkswagen combi rojo. Tomamos una estrecha carretera y después de bordear la capital, Puerto Cabras, giramos hacia Jandía, al sur de la isla.

Pueblos humildes, circulación ausente, atravesando una desnuda planicie solo rota, en la lejanía, pur una airosa palmera solitaria.

Pasado el villorio de Tuineje, viramos definitivamente a la derecha, en dirección a Morro Jable.

Muy pronto, en Tarajalejo, se acababa el asfalto, justo donde el mar, en marea alta, osaba invadir el valle, subiendo barranco arriba.

Cruzamos el vado sin problemas y, a partir de este punto, comenzaba una pista de tierra y arena; el conductor del vehículo optaba muchas veces, por abandonar la pista y abría nuevos caminos, para evitar el violento rizado del antiguo.

Pasada la Cuesta de la Pared, un vivísimo lienzo, deslumbrante, ocre y turquesa, se abre ante nosotros hasta el lejano horizonte.

1774

Nuestra entrada en Valdepeñas fue en este orden:

1º Antonio Caminero, de batidor, en un caballo de cuello aguileño, con montera atravesada, colodrillo reverendo, casaquilla hueca…

2º Los dos insignes tontos, Francisco de Santa Cruz y Casimiro del Viso, capitaneando una innumerable multitud de muchachos y muchachas pelonas.