Sendero PR FV- 55 “Gran Valle-Cofete”

El Sendero-Camino Natural PR FV-55 se encuentra en el Sur de la isla de Fuerteventura, en la carretera de tierra que va de Morro Jable (a pocos minutos pasado el cementerio) al Puertito de La Cruz y Cofete, en el imponente Parque Natural de Jandía (Parque Natural desde 1.987, reclasificado en 1.994 y declarado además, Zona Especial de Protección para las Aves).
En el punto de partida, a los pies del Barranco de Gran Valle, los paneles y señales marcan rutas, muestran tiempos y hablan de lo que ofrece el Sendero.
La baja dificultad del camino y la certeza de encontrar espectaculares vistas al llegar a lo más alto, a la Degollada de Cofete, contribuye a que, desde el comienzo, se transite vívamente por él, por el que fuera uno de los primeros caminos en conectar ambas costas.
Un gran valle desértico, salpicado por la siempre presente aulaga (Launaea arborescens), es por donde transcurre el sendero, a través de un paisaje que no es otro que el típico paisaje majorero y, como tal, vuelve a sorprender, aquí, en Gran Valle, con todo un símbolo y endemismo de Fuerteventura, El Cardón de Jandía (Euphorbia handiense). Durante el recorrido, la compañía que no faltará, será la de la cabra majorera y, tal vez, se deje ver también el guirre (Neophron percnopterus majorensis), endémico y amenazado.
Al alcanzar el corazón del Valle, donde aún perduran los restos de un antiguo poblado aborigen, rodeados a ambos lados por los imponentes macizos montañosos de Jandía, (pico del fraile) el “pobre” paisaje majorero, habrá enamorado ya al caminante.
Poco antes de llegar a lo más alto, en el último zig zag que dibuja el camino, sorprenderá, al mirar atrás, la altura que se alcanza sin prácticamente ser consciente de ello y, en ese punto, el Sendero dará un empujoncito de energía, mediante el sonido impresionante de un Mar que quiere mostrarse y por la cercanía ya, de unas vistas que prometen espectáculo … Y, tras hora y media de caminata, se llega a lo más alto.
Una vez más, esta vez desde sus cumbres, se deja descubrir Cofete, con su playa interminable, su paisaje salvaje, su edificación de leyenda (La Casa Winter), y, sobre todo, su localización, situado en la parte visible de un cono volcánico espectacular, que esconde su inmenso resto bajo el mar de barlovento,  mostrando al caminante la belleza de esta tierra desértica, “singular”, que es Fuerteventura.

Nos rodea una sensación de soledad, de indefinible belleza, mientras nos adelantan, saltando risco abajo, cuatro ligeras cabras, con el dulce contrapeso de sus ubres llenas.
Seguimos bajando por un sendero infernal, hacia las olas sonoras que rompen sobre una extensa playa, aún lejana. Hacia la derecha, divisamos la rotunda silueta de la casona de los Winter, motivo de muchas leyendas impregnando su piedra olvidaba: refugio de submarinos o burdel de barraganas de lujo para soldados alemanes heridos.
Ya estamos abajo. Cruzando un pobre poblado de viejas chozas de piedra y sorteando las gambuesas de ganado llegamos a una playa infinita: 13.700 metros de longitud y un millón cuatrocientos mil metros cuadrados de superficie arenosa. Hacia el norte se pierden en el horizonte las líneas azules de la isla y, frente a nosotros, hacia el Ocaso, el océano inmenso, enterrando viejas tierras de Fuerteventura, mientras se sacude en dolores de parto, allá a lo lejos, en la pequeña isla hermana de El Hierro
Antonio Olmedo Manzanares en “Hacia Cofete de la Mano de los Poetas” de El Rincón de Olmedo, publicado en esta web.
Gran Valle-Cofete 2 Gran Valle-Cofete 3 Gran Valle-Cofete 5 Gran Valle-Cofete 6
Tiempos:
(16:35 horas, Punto de Partida).
(17:11 horas, llegada a las faldas de la montaña)
(17:38 horas, llegada al zig zag que dibuja el camino en la montaña)
(17:49 horas, llegada a lo más alto, a la Degollada de Cofete)
(18:04 horas en lo más alto. Lugar para fotos)
(18:20 horas, Regreso).
(19:22 horas, llegada al Punto de Partida)
 “Próximo a las faldas de la última montaña, cuando el viento se toma un respiro y descansa, se oye, a lo lejos, queriendo mostrarse, el Mar de Barlovento. Detenemos la marcha, cerramos los ojos y nos quedamos ahí, escuchando lo que nos absorbe, empapándonos de todo eso que no tiene nombre“.

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